Poemas de la poeta brasileña, Paula Luna

Paula Luna es brasileña, nacida en Río de Janeiro. Es del área de la salud y escribe sobre memoria, ausencia, cuerpo, casa y permanencias íntimas. Su poesía observa lo que continúa ocurriendo después de las pérdidas, en los objetos, en los gestos y en el silencio cotidiano.

EL HAMBRE

Hay una clase de hambre

que no se dirige al alimento.

Se sienta a la mesa con nosotros.

Espera.

Mientras comemos, va retirando algo del plato.

Nadie lo nota.

Mastica los instantes mientras suceden.

Roe la fruta antes de que madure.

Abre pequeños túneles dentro de las alegrías

y las deja huecas.

La reconozco

en la sed que regresa después del agua.

En la mano que alcanza aquello que buscaba

y permanece abierta.

En el silencio que sigue a las buenas noticias.

Como si alguien,

durante la fiesta,

apagara discretamente una de las lámparas de la casa.

Habita en nosotros

un animal paciente.

A veces lo escucho.

Royendo las vigas.

Los marcos de las puertas.

El suelo.

Y cuando la casa cruje,

corro para salvarla,

sin darme cuenta

de que soy yo

quien le entrega la madera.

LA GRIETA

La grieta apareció primero

en un plato.

Pequeña.

Casi elegante.

Nadie lo dejó caer.

Nadie oyó el crujido.

Meses después,

apareció en la ventana

con el mismo dibujo,

la misma curva,

la misma bifurcación al final.

Eran la misma.

Parecía haber cambiado

de materia.

Intentaron explicarlo:

calor,

tiempo,

presión.

Pero el armario también se agrietó.

Y luego la pared.

Y luego un vaso

recién comprado.

La grieta no crecía.

Cambiaba de lugar.

Abandonaba un objeto

y aparecía en otro.

Cuando volvía,

elegía alguna cosa

que todavía estaba entera.

Hasta que una mañana

apareció

en la fotografía de la sala.

No en el vidrio.

En la fotografía.

Atravesando un rostro

que nadie lograba

identificar ya.

Después de eso,

nadie intentó arreglar

nada.

No era daño.

Era otra cosa.

Una forma buscando

nuevos lugares para existir.

Años después,

la casa sigue entera.

Pero siempre hay algún objeto

esperando su turno.

MATERIA

Después de cierto punto,

el dolor pierde el acontecimiento.

Continúa solo.

Fuego después de la casa.

Ya no importa quién se fue,

quién murió,

quién cerró la puerta.

El dolor aprende

a producir su propia continuidad.

Se alimenta

del espacio vacío que abrió.

Después empecé a observar

otra cosa:

la manera en que el sufrimiento

ocupa materia,

altera el peso de las habitaciones,

modifica la velocidad

de los objetos.

Ciertas ropas tardan más

en caer del cuerpo.

Hay tristezas

que deforman la física.

Un espejo se oscurece antes.

Una planta crece inclinada

hacia un lado inexistente

de la casa.

El agua demora más en hervir

algunas mañanas.

Nadie lo percibe.

Porque el dolor más hondo

no explota.

Reorganiza.

Silenciosamente.

Hasta que un día

alguien entra en el cuarto

y siente.

No sabe el nombre.

Pero siente

que algo allí

continúa ocurriendo.

EXCAVACIÓN

Si lo que quedó de nosotros

ya murió,

no lo embalsames.

No laves el cuerpo.

No abras las ventanas

para fingir respiración.

Pero si todavía queda algo,

un nervio respondiendo

bajo los escombros,

entonces no tengas piedad.

Revuelve las ruinas.

Muéstrame

lo que se negó a morir.

No lo mantengas enterrado

solo porque aún tiene

mi forma.

Estoy cansada

de funerales sin cadáver,

de velar ausencias

que nadie se atreve

a nombrar.

Llévate ese futuro miserable

que sigue sentado a la mesa,

corrigiendo la postura

cada vez que oye

la llave en la puerta.

No me dejes morir de sed

con el agua

hasta las rodillas.

Prefiero encontrar el hueso

debajo de la casa

a seguir barriendo

la misma habitación

sin tocar el suelo.

Prefiero el silencio

sin tu nombre

a esta casa

aprendiendo a esperarte.

No te quedes en la puerta.

No conviertas la duda

en una habitación.

Si vas a irte,

vete también

de lo que todavía respira.

Si vas a quedarte,

desentierra.

FIN FALLIDO

el cuerpo espera

incluso después de aprender

que esperar no cambia nada.

la casa no entiende el abandono,

solo el desplazamiento del uso.

un plato lavado guarda

la presión de una mano

que ya salió de aquí.

algo fue dicho en un rincón

y no terminó.

desde entonces,

el aire pesa allí.

atravieso la casa

por dentro de cosas

que ya acabaron,

sin saber dónde termina

el atravesar.

intento encontrar el borde

de lo que acabó,

pero el final no tiene borde.

falla

dentro de las cosas.

toco objetos

que ya no deberían responder

y responden,

todavía en uso

por una versión del mundo

que no aprendió a cerrarse.

hay luces encendidas

por un error antiguo.

el tiempo pasó,

pero no consiguió llevarse

lo que necesitaba ser llevado.

no es recuerdo.

es funcionamiento

sin origen.

yo también me quedo.

cosa no recogida.

vida encendida

en una casa

que no sabe terminar.

continúo después del fin

sin saber

en qué parte de él

empecé a fallar.
 

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