4 poemas de la poeta argentina María Celeste García

María Celeste García (1991, Santa Fe, Argentina) estudió letras en la Universidad Nacional del Litoral. Publicó los poemarios Bien de Familia y El mal de cada día. Tiene una gata y un amor. Ya aprendió que nada bueno ocurre después de las 2 de la mañana.

Mujeres al borde

Les dije, en una ocasión, que parecíamos 

salidas de una película de Almodóvar.

Se rieron porque les relaté esa escena

donde prefieren no llamar a la policía 

porque no se llevan con la ley.

No creo equivocarme si afirmo

 nuestra ley es otra

nos rige un signo desolado, un drama

de matriarcas que nunca confiarán

totalmente en otro.

Me gusta pensar que un día 

vamos a salir de esa lógica

y que nos reiremos, ya sin excusa,

sólo porque sí.

Pero quiero desengañarme:

no mucho puedo por nosotras

aunque todo lo daría.

Y entonces sobreviene lo siniestro

y veo que una va a morir y que,

quizás, la otra también.

Yo, por mi parte, vomitaré 

la tragedia de haberlo visto todo.

Pálida

De mi hermana aprendí 

Muchas cosas de la vida

Una de ellas es identificar

Cuando alguien acaba de 

Tener sexo. 

La piel, pálida y renovada

Se despoja de tensiones

Se abisma y se sobrecoge.

Como dicen que es haber visto

A la muerte, así de pálida 

queda la piel de alguien

que ha tenido sexo.

Bailando con tu sombra

Nadie sabe más

de amores perdidos

que mi padre.

Nadie más que él

excepto yo

su hija.

De dónde vino

Una charla con papá

Incluye necesariamente

Una referencia a la mujer de su vida

Y una referencia al hombre de su vida

La mujer de su vida fue mi mamá

El hombre de su vida fue su padre

Cuando hablamos del vino

Otra referencia infaltable 

Siempre cita al abuelo

Que le aconsejaba 

Sólo tomar vino.

Papá tomó muy en serio

Esta recomendación 

Yo también la tomo en serio

Ya sabes de donde vino.

Una vez me dijo

que yo había salido

bastante cara.

“Decile a tu mamá

que un día te cuente”,

me dijo.

Después me enteré

que mamá había abortado

antes de que yo fuese

concebida.

Desde entonces tengo

la leve sensación

de haber muerto

antes de nacer.

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