Poemas de la poeta española Dolores Lozano

Poeta española cuya escritura se caracteriza por una mirada íntima y reflexiva sobre el tiempo, la memoria y los silencios que habitan la experiencia cotidiana. Su obra transita entre lo contemplativo y lo narrativo, con una voz serena que observa lo mínimo para revelar lo esencial. En sus poemas, el paisaje, los gestos y las ausencias dialogan con la conciencia del paso del tiempo y la fragilidad de los vínculos humanos.

Su obra más reciente es A cada paso del invierno. Ha sido seleccionada en antologías físicas y digitales, y ha colaborado en diversas revistas literarias, tanto impresas como digitales. Obtuvo el segundo premio en la segunda edición de “Envía una letra y recibe una canción”, de Artistas Revelaciones, con su poema “Madrid”.

• Otoño

El otoño tiene la puerta abierta.
Las hojas danzan en un revuelo de nostalgia.
El pájaro sutil aterriza sobre la rama del olivo joven,
que aún desconoce los acerados pasos del invierno.
Hay prisa en las nubes por despejar la tarde,
mientras la luna empieza a besar los perfiles de una noche próxima,
por donde cruzarán todas las estrellas.
En las calles empiezan a encenderse las farolas y el silencio.
Gotas de agua resbalan por las paredes
como lágrimas de cristal
que despiden a la lluvia.
El aire susurra secretos mientras pienso,
e invita a cerrar los ojos
con la melodía de un reloj
que cuenta segundos perdidos entre las horas.

• En trámite

Me mira extrañado,
como si llegase tarde
a sentarme a la mesa
y mi sitio ya estuviera ocupado.
Echa un vistazo a la tarde
desde el fondo del local
y consulta un reloj que no lleva.

Efectivamente pareciera
que llegas tarde
,
parece decirme.

Yo me he sentado y le miro de frente,
quiero contarle que…
pero no sé de qué manera,
y cojo una servilleta
para anotar y guiarme entre vocablos
que no sé articular.

Me contiene, aun sin palabras,
me previene, me avisa:
Tienes derecho a permanecer en silencio,
cualquier cosa que escribas
podrá utilizarse en tu contra
.

Y ambos nos quedamos sumidos
en la alta frecuencia
de decibelios que puebla el silencio.

Él me mira de vez en cuando,
yo a él no le quito ojo;
está así como suspendido en el tiempo,
valorando los retrasos, las justificaciones,
su necesidad de estar allí.

Sabe que le miro,
pero no dice nada.

La tarde se ha quedado sin luz,
el camarero no sabe
si querré algo más que la cuenta.

Una mujer nos mira,
creo que tiene curiosidad por saber
quién de los dos romperá
esta omisión de sonidos
que estamos teniendo.

Pero tal vez
vinimos solo a eso:
a mirarnos a los ojos
después de este tiempo,
a meditar, tasar, vislumbrar
qué sabemos y qué nos pasa
a los tres por la cabeza.

Señora, no vamos a discutir ni conversar,
vuélvase a La chica del tren
que tiene entre manos
y déjenos en estas inmediaciones
que no queremos compartir
con su falta de destreza para el espionaje.

La noche es ya una evidencia
que constata que la despedida es inminente;
me lo ha vuelto a decir callando.

Tenemos toda la vida por delante,
es lo que tiene no asignar fechas
,
le he dicho.

Me ha mirado por última vez,
conocedor de que las palabras
se las lleva el viento,
adaptándolas al paisaje más idóneo
que vivamos o pretendamos vivir.

Me marché, volviéndome a mirarlo al salir.
Lo he dejado solo,
especulando si volveremos a vernos.

Es listo.
Inteligente para comprender
que no sabremos más el uno de la otra
si quien se ausentó hoy
determina que no somos buena compañía.

Para algo tiene un máster
en cafés pendientes.

• Adverbios

Algunas veces,
en un lugar próximo a otro que tomo como referencia (cerca).
Y otras,
en un tiempo que queda a gran distancia del momento que tomo como referencia,
puedo referirme tanto al tiempo del cual hablo
como al momento en el que hablo o escribo (lejos).

Adverbios de lugares por los que tú transitas
y yo me pierdo.

• Epitafio

Si yo me muero mañana,
¿en qué hora sabrás que ya no existo?
¿Qué minuto exacto matará mi presente
en un pretérito eterno
que desconocerá si me has llorado?

Con la certeza de llegar tarde a mi epitafio,
ensayo palabras que me cubrirán como tierra;
mis ojos, que no te vieron,
sabían que los tuyos eran
el principio de cada respuesta
que nunca preguntaste.

Redacción editorial

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