Martín Carreras (Buenos Aires, 1984) es médico intensivista y poeta. Formado en cuidados críticos en la Universidad de Buenos Aires, escribe desde la intimidad del cuerpo, el deseo y la herida. Su poesía explora el erotismo, la pulsión y la fragilidad humana a través de una imaginería sensorial, oscura y visceral, donde la carne, el lenguaje y el éxtasis se entrelazan. Comparte su obra en Instagram como @conjurodetintayfuego y ha participado en diversas antologías poéticas, entre ellas Historias de Café II, Rastros de Sal, Corazones cincelados, A flor de tinta y piel y Entre Cuerpos.
Amor (con)jugado
Sé tú.
Sé tu luz.
Sé tú
sin filtros,
sin ataduras.
Sé,
impunemente,
tú.
¿El amor,
qué es, si no es
desear verte
siendo tú,
desnuda,
cruda,
sangrante?
¿Qué es, si no es
luchar,
acompañar?
Sé tú.
Inclaudicablemente
tú.
¿Qué es, si no?
Amor.
Amar.
Atragantamiento
Hay palabras náusea,
nudo esofágico.
Ácidas
como el reflujo
de mi pirosis
psíquica.
No puedo
expulsarlas,
pero el cuerpo
las rechaza.
Solo el desborde
desatara el vómito
de la liberación.
Amor urbano
Estridentes
luces de neón
fucsia
dibujan tus curvas.
Su estela
fluorescente
ilumina los charcos
sucios
que se escurren
tímidos
entre bolsas de basura.
Exhalan, apestosas,
su vaho nauseabundo.
Entre la pared
y mi cuerpo
estrello tu carne.
Sus ladrillos húmedos
gimen
tu placer desesperado,
un quejido de madrugada,
dos gatos en el tejado.
Se dibuja tu sonrisa
cuando,
detrás de tu oreja,
deposito
palabras
mojadas,
sucias, más sucias
que este callejón.
Inestable
Dame tu fiebre.
Me la beberé
como metal fundido.
Mi lengua
solo conocerá
el sabor de tu magma
grabado a fuego
en la memoria de sus papilas.
Mujer inflamable,
mi cuerpo
es tu combustible.
Toma entre tus labios
la mecha
de mi volátil dinamita.
Con un chispazo
del detonador de tu lengua
enciéndela.
¡Haznos
volar!
Mis versos
Paridos de la fragua
de tu matriz primigenia,
te toman.
Versos retorcidos,
chamuscados
por el fuego
de tus rizos.
Versos de mariposa
libando su inspiración
de la saliva que baña
tus labios.
Versos
purulentos,
que tus grietas vomitan;
mi lengua las lame
con devoción.
En la corona de mis versos
danzas con tu inocencia desnuda,
encarnando tu arcano,
el Mundo.

