Rodolfo Arturo Rico nació la ciudad de Mérida el 28 de septiembre del año 2000. Empezó a estudiar en 2019 en el Pedagógico de Maturín Lengua y Literatura, actualmente se dedica a la producción literaria tanto poética como narrativa teniendo de inspiración autores venezolanos como impulso para darse a la tarea de la escritura.
A continuación tres poemas en prosa de su autoría:
Envuelto en sombras saldré de un refugio inhóspito, descubriendo los atardeceres eclipsados por mi cruz y la sombra sonora del vacío llamándome entre ecos silenciados en la cercanía.
Veo el calor hostigando mis ojos con su humedad salina, entorpeciendo mi lento andar; veo reflejos de voces, su huella intacta por la ciudad desolada; y al cielo obstinado con su rojo más negro.
Viviré permanentemente bajo las consecuencias de errores ajenos y seré el máximo culpable de toda desgracia. Ya no me consolará aquella nube gris ni la razón perdida, así rezaré eternamente en un nombre que acabe con mi delirio.
Acaso lograré tocar mi reflejo en una corriente impura, alcanzar esa pesada voluntad y un sueño indómito en la lejanía del cielo. Por mi frente no pasará ningún amanecer ni la ceniza, me tocará algún bálsamo, me abrazará un paisaje sintiendo el tacto del gris a un parpadeo del desmayo. Me sumiré entre la neblina, y el sereno será testigo de mi desaparición.
CASI FUERA DEL TIEMPO
Regálame la mitad de tu nada y compartamos eso por siempre.
Ayer no pareció un ayer, sino más bien un mañana. Creo que he estado ausente y no sé qué tanto, pero pienso en un recuerdo que no comparto con nadie y me decido por existir únicamente de a momentos. Entonces, solo entonces, me obligaré a verme con alguien distinto, allá donde yo ya no exista, un poco antes de mi nacimiento, para manifestar un sentimiento fugaz en las fronteras de algún cuerpo.
Buscaré un instante aislado del tiempo y crearé mi claustro. Bajaré a él de mano con la muerte, consumiendo el espacio de mis días en un vacío feroz, luego, entonces de nuevo, abrazaré a mi parca, instalándome en su seno para tomar su miseria.
ALGÚN POETA RUSO
Devastado por los andares de la muerte, yo yacía en un sillón incómodo. Esperando el retorno de la normalidad, se había adelantado un sol consciente de la desgracia, que iluminaba sin fuerza para los dolientes de ese tiempo; necesitado de aire limpio una ventana es alzada; estoy invadido por el irrespeto de buenos aromas.
Tendido en un tránsito, me molestaba la osadía de agradables referencias. Y veo ante mí la cura de mis males. El hermano perdido ha abandonado una obra majestuosa, asistida por la gracia de una naturaleza inteligente. Me han dejado un jardín de colores. Ahora comprendo su despreocupación y su sonrisa final; a donde él iba siempre dejaba flores.

