20 poemas de la poeta venezolana Lilia Boscán de Lombardi

Lilia Boscán de Lombardi fue y es un símbolo significativo de la zulianidad sin ser zuliana, pero amó profundamente a Maracaibo, tanto que logró reconstruir las bases del Teatro Baralt de Maracaibo con pasión y empeño, convirtiendo el espacio en un referente para la cultura en todas sus vertientes.

Es así como la profesora y poeta trujillana logró alcanzar una bella y aguda voz poética, tomando como referencias los elementos de la naturaleza que la rodeaban y su amor entrañable por su familia, principalmente por su abuelo, a quien dedicó parte de su poesía. Profundizar en ella es ver que el amor que vivía en ella era genuino, tanto que lograba romper con las páginas blancas, derramando versos sin detenerse. Lilia Boscán de Lombardi debe recordarse como una maestra de la palabra, y aunque en vida no fue muy reconocida, después de su muerte nos ha dejado un legado perfectamente magistral y breve, el cual debemos preservar y difundir, porque al no tener en su momento la visibilidad necesaria, no significa que su obra deba pasarse por alto. Todo lo contrario, su poesía reúne todos los elementos para enriquecernos con signos claros que nos llevan al origen.

Es por eso que, desde la editorial J. Bernavil, hemos decidido compartir algunos de sus textos con el consentimiento de su familia, los Lombardi, a quienes hemos convertido en parte de nuestra familia por el calor humano que nos han transmitido y el respaldo a través de los años. Porque, de alguna manera, tanto Ángel Lombardi como su hijo Jesús Lombardi intentan apoyar la causa de la difusión de la obra de Lilia como un remanente de amor que les abrigará por siempre y les guiará al éxito en todos sus caminos.

20 poemas de Lilia Boscán de Lombardi en J. Bernavil

El viento viene de muy lejos,

más allá de la distancia de los días,

sopla como una emanación

de la quimera soñada cada instante.

viene con la fragancia

de flores otoñales,

viene triste

como un fantasma solitario.

Es el viento de

la vida

en el ocaso del tiempo.

Con dos monedas de plata,

Sobre los ojos dormidos,

¿sabrá el barquero llevarme?

¿no se lanzará al agua

y el barco sin marinero

navegará a la deriva?

Cuando todo se acabe

¿seré una estrella de mar

o una gaviota cansada

que viene del vendaval?

Si pudiera liberarme

de los hilos diminutos

que me oprimen,

si pudiera liberarme

de los árboles del bosque

que me cierran la salida.

Confundida,

con la vida apretada

en las dos manos,

ansío la paz del agua

en la laguna.

Pienso en tu dolor humano,

en tu abandono en la cruz.

Te imagino en tu morada,

en tu casa de cristal.

Allá te preguntaré

Cómo es la eternidad?

Se oscurece el día,

Nubes grises amenazan,

las palabras arrecian,

se desata la tormenta,

se abren las puertas

del abismo.

Penetro en él

como un ave solitaria.

Allí me quedo

sin luz,

sin esperanza.

Allí me quedo

buscando a Dios

en la penumbra.

Tanta tristeza
en un solo corazón

que no conoce a nadie,

tanto dolor

que se arrastra día tras día,

tanta esperanza

que huye

como las sombras

en la proximidad

de un nuevo día.

En caminos inciertos

las almas caminan solas,

van buscando sus amores

en las huellas del pasado.

Hilvana la duda su tejido

que envuelve mi vida y mi destino,

ojos ciegos que el alma no ilumina,

confusa mezcla de los pensamientos,

oscura turbulencia,

búsqueda interminable,

en la caverna de los sueños.

¿Por qué las sombras me siguen?

¿Por qué las redes me atrapan?

¿Por qué tus ojos marinos

no me salvan del pesar?

Vivir sin sabor a tierra

Vivir con sabor a mar.

Si se mirara mi alma

en el espejo del agua,

será sombra de mi cuerpo?

será oscura mariposa?

será una errante gaviota?

será llama o pensamiento?

será palabra o silencio?

Devuelve mi imagen

el espejo roto,

me hundo en el fondo,

me busco detrás

del rostro encendido.

Converso.

Interrogo.

No hay respuestas claras,

me acosan las horas,

la intranquilidad.

Asumo quién soy,

o asumo quién fui?

Las trampas del tiempo

Todo lo avasallan,

frágil vestidura

cuando el día se va.

Nadie conoce el porqué

de la finitud humana,

nadie conoce el camino

ni donde todo termina.

Ciega en la noche oscura

¿quién orientará mis pasos?

¿dónde estará la mano

que me evite la caída?

¿habrá una luz que me guíe

hasta el destino final?

¿estará sonriendo Dios

dándome la bienvenida?

Se deslizan los sueños

por los largos corredores,

refugio de piedras blancas

en lo más alto del monte,

morada del viento,

nido de las aves,

plumas de sol

en la ventana…

Cuando se asoma el alba

siento el vuelo de las sombras

que desdichadas se escapan

sin dejar ninguna huella.

Vendrán al llegar la noche,

a recorrer los caminos,

a encender los farolitos

que iluminan los jardines.

La noche penetra lenta

en cada espacio del bosque,

todo es silencio,

todo es penumbra,

una estrella como un cirio

en el cielo suspendida

es un broche de oro

en el pecho de la noche.

Un solo cuerpo

para entregar a la muerte

un solo verso

para vencer al olvido.

Hoy la noche está radiante

los pájaros no se duermen

contemplando las estrellas.

Caravanas de camellos

Transitan en la memoria,

la luz se hunde en la arena,

solamente se escuchan

los sonidos del silencio.

Una noche me dijiste

“tienes tristes los ojos”,

son como dos soles muertos,

son como dos pozos secos.

Acariciaste mi rostro

y tocaste la tristeza.

Avanzo a tientas

sin un fin determinado,

vivo ansiosa

esperando cielos

que un día me prometiste,

no hay muchos sueños

que guarde en la memoria,

vivo el día

sin saber cuándo se acabe.

Los amigos me preguntan

¿por qué escribo versos tristes

con las palabras heridas?

Dos alforjas siempre llevo,

una está llena de gozo,

la otra tiene el sentimiento

de los dolores pasados.

Redacción editorial

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