Oswaldo Loreto, destacado profesor de educación integral y doctor en Ciencias de la Educación, cuenta con una trayectoria de 20 años enriqueciendo el ámbito educativo. Originario de Venezuela, su pasión por la enseñanza y su compromiso con la excelencia lo han consolidado como un referente en su campo.
En el terreno literario, Oswaldo ha dejado su huella con obras como “La Venganza”, un poema incluido en una antología poética de 2023 por la Editorial Litéfilos. Su talento también se refleja en “El Regreso”, una colección de poesía Haiku reconocida en el concurso literario Pequeñas Cosas, y en su colaboración en “Ecos Otoñales”, una obra de micronarrativa.
“Microfantasías” (libro donde colaboró), ha trascendido fronteras, estando presente en 10 países, incluyendo Colombia, México, Puerto Rico y Ecuador. Además, es autor de “La Leyenda del Dragón de Fuego”, disponible en la librería Lulu, y ha compuesto las letras de tres himnos institucionales, dos para escuelas venezolanas y uno para el Colegio Liceo Andino Cogua en Colombia.
Oswaldo ha participado en numerosos concursos de microrrelatos, cuentos cortos y poesía, obteniendo reconocimientos como una mención especial en el concurso artístico Grande Simios de España. Sus contribuciones también han sido destacadas en revistas literarias digitales, sobresaliendo con su relato “Ocasos Nigérrimos” en la revista “Venablos”.
Resurgimiento
Y un rayo de sol la despertó.
Casi no recuerda quién es, ni donde está.
Envuelta en harapos y muy sitibunda lanza un quejido a la ribera del mar.
Descalza, con señales de aliento ajeno en su piel. En su cuerpo se reflejan signos de aspereza y bestialidad.
Trata de enfocar su vista borrosa y de calmar la tormenta que le invade la mente que se agita y se confunde buscando una salida entre la bruma.
Vagos recuerdos le hacen saber quién es, o quién era.
¡Quejido al viento!
Entre sus labios áridos y escamados susurra; vida, me abandonó la vida.
Su pecho solloza de incertidumbre, sus memorias desgastadas le dan las respuestas a tal calamidad.
En su rostro ruedan lágrimas de sal y arena, ¡clama por serenidad!
Mirando al cielo impetra absolución…
Y es allí, en ese instante, solo en ese instante que vuelve en sí y toma la decisión más generosa y valiente de su vida; ¡valorarse!
Lo que ya no es
Camino las calles de mi juventud y no las reconozco.
Soy un extraño en mi propia tierra.
Las esquinas, los faroles, solo reflejan sombras de lo que fueron.
Las veredas se han marchitado, han perdido su encanto.
¿Dónde están mis afectos, mis amores, mis amigos… mis sueños?
¿Dónde está mi vida, mi alegría, mi esperanza?
La niebla del tiempo me ha tendido una trampa;
ya no hay tejados, ni empedrados.
Tal vez me he equivocado de lugar, tal vez no estoy aquí.
Ya no se oyen risas ni canciones en las calles, tampoco el canto de las aves.
Solo estruendos y frialdad.
Mi historia se ha borrado, mi humanidad se ha apagado.
¡Ya no queda nada, ya no queda nada!
Desesperanza
Venganza, lo intangible que desprende de mí ser.
Ese monstruo que vive en mi interior.
Que devora el espíritu
Y entumece la razón.
Venganza, sombra que arropa mi vida
Oscurece el camino, marcando el destino…
¡Venganza, venganza! La que me impide ver la luz, la paz, la tranquilidad, la esperanza.
¡Oh! Veneno que discurre por mis venas, obnubilas mi mente haciendo que se esfume el perdón y la compasión.
Venganza, dura venganza.
Fuego que consume mi pecho, atravesando cada fibra de mi piel.
¡Me quemo!, ¡me quemo! Conscientemente me consumo.
Venganza, me muestras tu aliento ardiente que incinera el alma del que miente.
¿Quién soy yo para culparte?, venganza
Mi tristeza y desesperanza solo la vivo a través de ti.
No me dejes solo, eres el instante que me queda,
la mala compañera de mi estancia,
la que muerde mis anhelos, la única que me acompaña.
Ya no hay más nada, no queda nada… Venganza.


Felicitaciones colega me encantaron tus versos. Te deseo el mayor de los éxitos.
Gracias. Saludos cordiales.