Ana siempre ha sabido que nació para escribir. Desde pequeña, le ha obsesionado la composición de palabras y los miles de resultados posibles. Lectora asidua y admiradora de la belleza de su idioma, se hizo licenciada en Comunicación Social (Cum Laude) en la Universidad del Zulia, como una manera de analizar a profundidad el castellano y comunicar a profundidad sus pasiones.
No ejerce su profesión, pero sí redacta. Porque escribir es parte de su modo de vida. Escribir, escribir, escribir. Así GPT, Gemini o Deep Seek amenacen con reemplazarla. Se hizo del hábito de escribir, así sea, un poema al día; en su teléfono tiene un sistema de alarmas que se lo recuerdan: “Escribe un poema”. En los días malos, escribe algo corto; hay días en los que las palabras solo llegan y salen microcuentos o enormes historias complejas.
Pero dejar de escribir no es una opción.
Ganadora 2024 de la 11.ª Edición del Concurso de Microcuentos #C280 Banesco, logro que por fin obtuvo luego de años de disciplina. Había obtenido en 2017 numerosas menciones honoríficas, pero dejó de concursar al comenzar a trabajar en 2018.
Mención honorífica en el Premio Santiago Anzola Omaña.
IV Concurso Venezolano de Literatura Fantástica y Ciencia Ficción Solsticios.
Finalista en los Microrelatos Fundación Aquae.
Más recientemente, finalista en el concurso de poesía de Ediciones Caleidoscopio y de microcuentos de Ediciones Vértigo.
Inseparables
El universo está hecho del adiós que hemos postergado,
y así, durante años, hemos creado un espacio vacío,
cargado de tensiones, frustraciones y sinsabores,
de agujeros negros y colisiones sin sentido.
Somos el hiato que se niega a separarse,
dos vocales abiertas que comulgan entre el caos,
que no tienen disposición para vivir,
y que tampoco desean morir.
Así prolongamos el «casi»,
que se formó un cuerpo,
y camina por las veredas de aquella madrugada,
donde el silencio respondió al «te amo» que te grité mientras me besabas.
Así matamos el nada,
con el incendio que nos apaga.
Tóxico
Dedicándote poemas que nunca vas a leer,
sobre una historia que nunca vamos a vivir,
en el cementerio de los hijos no natos.
Al lado de una tumba sin fecha,
de cosas que jamás se murieron,
porque no empezaron,
ni terminaron.
Dedicándote líneas de cocaína, fugaces, malditas y paralelas a la realidad alterna…
Y al sentir tus manos fantasma en mis caderas.
Me arrancaste,
como a la flor que creció en la grieta,
como a la hoja donde te escribí este disparate.
Te arranqué como a la hierba que invadió mi jardín,
que llamó a la plaga y creó el desastre.
Me despojaste de mis colores vibrantes.
Me dejaste sin pétalos para preguntarme si me querías o me usaste,
me destruiste y me abandonaste.
Y yo, me quedé aquí,
con tu mala hierba que no termina de morir,
que intoxica con veneno mi raíz,
y no permite dejar de pensar en ti.
Consumido
El lastimero cigarro que quema tu cara en las fotos,
se consumió en el tiempo que dedicaste a amarme,
fue cónsono con el segundo que decidiste valorarme.
Mientras yo inhalo las cenizas restantes
del amor que dediqué a quien solo pudo disfrutarme,
y cauterizo con sal
el vacío desde que no estás,
porque decidiste quererla, y yo no te importo más.
En la realidad alterna que nos hice tú vuelas,
porque malentendí que querías
lo que nunca decías,
y yo te daba lo que no necesitabas.
En el pésimo espacio donde fingí gemir,
siempre quedarán pedazos de mí.
Donde te amé,
porque en eso, nunca mentí.
Allí soltaré por fin
la fantasía de querernos sin medir.
Así tú te quedas como el miembro más pequeño de mis pensamientos,
en el intervalo más absurdo del absoluto milagro
que le diste a mi vida cuando por una noche nos amamos.
Y quedó en una noche, porque nos estrellamos.
Migra-ña
Migraña: acto en el que la voluntad migra de mi cuerpo.
Y, en el proceso, queda atrapada en la tela de araña del pensamiento.
Donde no soy, donde solo existo,
como los domingos en la tarde en los que se apaga la luz.
Y me quedo a oscuras,
agotada,
silente,
con un hilo de respiración constante,
que apenas me hace tangible.
Será por eso que los lunes, al despertar, me estrello contra la tierra.
Cuando la semana empieza, soy un accidente.
Aunque, probablemente, ya no sea más que un desparpajo que solo intenta cambiar de cuerpo.
Camina
Camina,
aunque el caos te persiga,
y las manos te tiemblen.
Camina, aunque estés cansada al comenzar el día,
y el miedo erice tu piel.
Camina,
aun si duele,
si te caes y el nubarrón de la migraña te vence.
Camina,
en el espacio reducido,
con los talones quebrados y los ojos hinchados.
Camina,
arrastra tu cuerpo sobre la arena,
siente el polvo enredarse en tu cabello,
pero avanza.
Sin sonreír,
ni fingir,
con la mirada ausente y los pulmones vacíos,
persiste.
Que la muerte aún no llega
y el amanecer se dibuja en el horizonte,
una y otra vez,
indiferente, pero suficiente.
Silencio
Cuando yo me vuelva polvo y tú te vuelvas cielo, dejaré para amarte al evocador viento.
Cuando ya no me sientas y no existan los recuerdos, la acariciante memoria nos traerá de regreso.
Y cuando ya no quede nada de nosotros en el tiempo, te amaré en silencio.
Porque fue precisamente eso lo que me atrajo a tus besos:
tu calma palpable,
tu amor con respeto.
La dinámica que integraste a mi caos interno.
Fuiste tú, solo eso, lo que aplacó mi fuego,
y me dejó entre las manos el amor sincero,
no la obsesión que persigue en todo momento,
ni los gritos que rompen y erosionan el desierto,
sino la elección de quererte sin miedo,
de esconderme entre las grietas y acurrucarme en silencio.
Eso de elegirte, aunque no seas perfecto.
Redacción editorial


Wuao Ana ! Con que precisión transformas el dolor y la crudeza de la vida en arte .
Tus obras deleitan a cualquiera, pero además, se convierten en ejemplos para entender la verdadera cara de la emoción Humana.
Felicidades 👏🏻