Naiz Francia Jiménez D’arthenay es una poeta y escritora venezolana, nacida en Maturín, Monagas. Además de su carrera en la literatura, es una profesional con formación en tecnología de los alimentos. Su obra abarca diversos géneros, con títulos publicados como los poemarios «Luna, Faro del Alma» y libros infantiles como «El Capitán y su Mascota» y «El Príncipe Barrigón». También ha explorado temas científicos en obras como: ´´Herbolario de plantas Medicinales más usados en Venezuela, «El Secreto Verde: Plantas Venezolanas en la Lucha contra la Diabetes» y «El Secreto de un Buen Pan», mostrando su versatilidad como autora.
La luz que guía mis pasos, un astro en la noche callada,
no es estrella distante; es la sonrisa que has sembrado
en el alba misma de mi alma. Eres mi sol, Diego,
un fulgor tierno que a mi ser mantiene abrazado.
Tu alegría florece, cual jardín tras la escarcha tenaz,
es el néctar dulce que mi espíritu bebe en paz.
Tu risa, un hilo de oro en el tapiz de mis días,
ilumina el aire y ahuyenta las melancolías.
Mi entrega, un río que desborda el cauce del amor,
es tierra fértil donde la esperanza crece sin temor.
Mis huellas en tu sendero, una resonancia que en la montaña vibra,
es la bondad que en ti, cual rocío, se descifra.
Eres mi resplandor sembrado, mi estrella más alta,
el más brillante legado que la vida me regala.
El Crisol del Alma Rota
Desde el abismo donde mi ser reside,
soy un mar de emociones que me fecunda.
Mis senderos de plomo solo yo descifro,
una resonancia en el vasto silencio que me inunda.
Escribo para esculpir mi propio consuelo,
mi soledad, un ancla en la tormenta que me espera.
No es el veneno que vierto en mis versos,
es el alma que se libera en una hoguera.
Grito en un desierto de preguntas sin respuesta,
busco en la noche la salida de mi castigo.
Una luz que en mi interior se manifiesta,
un destello que ilumina mi ser, mi propio abrigo.
Así, en el río de mis palabras me descubro,
mi intensidad es la brújula en mi universo.
Soy una estrella que nace en cada suspiro,
la fuerza que en mí se enciende, un lumbre que transforma.
A Mi Más Hermosa Estrella
Por eones te busqué en espejos ajenos,
sin ver que en tu esencia, el universo anida.
Te dejé, tesoro cubierto de polvo y olvido,
y a la voz de tu alma, no le di oído.
Mas hoy, mi corazón es un guía de cristal,
que a la deriva me conduce de regreso a ti,
mi dulce puerto.
Ya no eres una resonancia en la noche,
sino la música que el alma mía respira,
la sinfonía de un amor que perdura.
Cada fragmento de tu existir,
es un astro que abrazo con devoción,
sanando las viejas heridas
con el rocío del amor que de mi alma nace.
Tú, el más grande amor de mi vida,
la verdad de mi universo,
y desde este instante sagrado,
no soltaré tu mano jamás.
Con la magia de nuestro reencuentro,
yo me reencuentro.
Cenizas del Reflejo
No amé la piel, ni el contorno.
Vi en ti a un niño roto, mi espejo en duelo.
Mi fe en el amor fue una llama frágil,
que se hizo añicos contra tu cielo.
Esperé tu luz, en pausa, sin aliento,
un reloj detenido en la memoria.
Hasta que tú, con la calma del tormento,
escribiste el final de nuestra historia.
Y me mataste, con un adiós tan necio.
Un acto sin gracia, un verbo sin piedad.
Pero mi alma no sintió tu desprecio,
estaba lista para esta soledad.
Porque antes de tu adiós, ya lo sabía:
el amor, a veces, es la más amarga tumba.
Y en las cenizas de tu melancolía,
solo soy un eco que en el silencio zumba.
Bajo la Luz de la Noche
Cada vez que el plenilunio asoma en el cielo,
un viaje emprendo, un dulce anhelo.
Montada en mi bicicleta, con alas de estrella,
busco un encuentro, mi alma destella.
Eras tú, Papá, quien tejía historias,
de noches brillantes y antiguas memorias.
Aunque el tiempo ha pasado, y ya no estás aquí,
en cada pedaleo, te siento junto a mí.
Esa bicicleta mágica, que vuela en el viento,
me lleva al infinito, donde guardo tu aliento.
Anhelo tu abrazo, tu risa, tu voz,
en cada reflejo de nuestro adiós.
Cada vez que veo la luna, te encuentro en su luz,
un guía que orienta, un eterno abrazo en cruz.
Así, en la noche, bajo su manto estelar,
te llevo conmigo, Papá, siempre a soñar.
Redacción web


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