Gera González, también conocida como Hera Nix, es diseñadora gráfica de profesión e ilustradora por vocación, intentando unir en su trabajo todas las pasiones que la definen. Nació el 24 de enero de 1997 en Santiago de los Caballeros, República Dominicana. Apasionada por la literatura íntima y emocional, se considera una exploradora del oficio de escribir, aprendiendo mientras se atreve a expresar con honestidad lo que siente.
En el último año, Gera ha decidido abrirse a la libre manifestación poética, buscando construir un espacio propio donde su voz pueda desarrollarse con delicadeza y autenticidad. Su escritura refleja sensibilidad, introspección y un constante diálogo entre emoción y experiencia. Paralelamente, su trabajo como ilustradora y fotógrafa evidencia su habilidad para traducir sentimientos en imágenes, creando universos visuales que complementan su mirada literaria.
Gera Nix combina así el arte, la palabra y la emoción, configurando un estilo único que busca conectar con la intimidad del lector y del espectador, dejando que cada proyecto sea un testimonio de su sensibilidad y creatividad.
Poemario
Infra bosque
En la brevedad de mi camino,
todo toma un giro curioso.
El universo se empeña en enseñarme
que la espera y la paciencia
son virtudes que me faltan.
No pretendo ser derrotista,
ni verme en una patética comparecencia,
pero debo hacer énfasis en algo
tan minúsculamente grande:
estoy harta de esperar,
de correr por un bosque espeso
con breves destellos de sol.
¿Acaso Dios no siente misericordia de mí?
Corro, corro, corro…
maldita sea,
mis pies sangran,
y aún apenas voy iniciando el camino.
Quiero liberarme
de mi cuerpo, de mi ser,
pero analizo lo que digo
y callo lo debido.
Niña buena, santa…
¿acaso no me ves?
Mi corazón está apachurrado
entre las visiones que muestran mis sueños
y lo que el espejo refleja.
Amado extraño,
toma mi cuerpo que no ves,
quiero entregarme a ti.
Mis pies están cansados de buscar,
de buscar la salida,
aunque me lleve a la muerte.
Disfrutar del camino,
aunque solo extienda
la levedad de mi miedo
y debilite mi espíritu
para ser presa fácil.
Si llego al final de este bosque,
¿qué me depara el sol?
¿Me quemará la piel,
o será su abrazo cálido
el de una madre preocupada?
Lléname de besos, mi amado extraño,
y hazme sentir que me has esperado.
A ti, amado inexistente
Ya he perdido el orden de los días,
y los años se me escapan sin medida.
No me haré más joven, solo más sabia.
No sabes cuánto te extraño,
sin haberte tenido.
Anhelo los labios que jamás besé,
el cuerpo que nunca sentí,
la dulzura que nadie me dio,
y al llegar a casa, te espero,
aun si jamás compartimos un techo.
Veo los niños que nunca nacieron,
corriendo por las habitaciones vacías.
Qué larga la espera…
volver a fundirme en tu pecho,
sentir al fin que encontré mi hogar.
Cuánto extraño tu cuerpo, tus ojos, tu sonrisa,
cuánto deseo volver a ser una contigo
y nunca más buscar esa otra mitad.
Querido mío, a quien jamás he visto,
solo en mis noches más oscuras habitas,
desearía que fueras del verbo a la carne.
A ti, querido extraño,
cuánto te he amado sin saber si existes.
Pero si alguna vez lees esto,
que sepas que te amé,
desde antes de conocerte.
Ya no seré tuya
Como el sol cálido de verano,
la voz de un ángel susurró tu nombre,
y por primera vez me dije:
ya no seré tuya.
Nada en mí, ni lo profundo de mis entrañas,
ni la piel que me cubre,
te pertenece.
Cruel amado, mi cuerpo es mío,
y lo que una vez entregué fue un acto fugaz.
Un instante de vida que espero haya sido mutuo.
Tanto esperé por tu llegada, pero jamás viniste.
Ya no seré tuya, porque ahora me pertenezco.
En mí nace un amor distinto,
que no tiene comparación terrenal.
Mi cuerpo quiso hacer el amor,
pero mi alma solo ha querido ser amada.
Ya no seré tuya, porque me pertenezco,
como mi alma al cielo infinito.
Haré las paces con Dios y volveré a su eterno sueño.
Mi cuerpo, que contemplaste en su pureza,
ya no te pertenece.
Mis besos torpes ya no te pertenecen.
Mi voz entrecortada, mis murmullos de amante,
ya no te pertenecen.
Vivirás en el recuerdo, pero hoy pertenezco al cielo,
al aire, al fuego, a la tierra
y a mí misma.
Me pertenezco, y en ello encuentro la paz.
Redacción editorial


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Maravillosos versos, nacidos de un talento que estuvo oculto, esperando pacientemente el momento de ser descubierto. Ojalá sigas regalándonos piezas como estas, capaces de deleitar la imaginación y tocar el alma. Escribir, sin duda, se te da maravillosamente bien.
Muchas felicidades en grande para ti, eres un orgullo para la juventud