5 poemas del poeta venezolano Manuel Felipe Faneite Paz

Nacido en Venezuela, encontró en la literatura una pasión que comenzó a florecer gracias a la influencia de sus padres, quienes sembraron en él, desde temprana edad, el amor por las letras. Sin embargo, no fue hasta después de los treinta años cuando decidió adentrarse en el universo de la poesía, descubriendo en las palabras una forma de expresar sus emociones, inquietudes y reflexiones más profundas.

A lo largo de su camino literario, algunos de sus poemas han recibido menciones en concursos y otros han sido seleccionados para formar parte de diversas antologías, experiencias que han enriquecido su recorrido y fortalecido su vínculo con la escritura.

En sus versos se manifiesta una profunda fascinación por lo divino, lo espiritual y los misterios de la existencia, elementos que se entrelazan en una búsqueda interior constante. Su poesía es también un espacio de exploración y descubrimiento, en el que cada palabra abre nuevas posibilidades de expresión. Actualmente, continúa explorando su voz poética, con el deseo de hallar un estilo propio que refleje su sensibilidad y su particular manera de contemplar, sentir y comprender el mundo.

En silencio

​Las cosas más importantes

Ocurren naturalmente en silencio

Cómo mi alma dejó mi cuerpo

Cómo tu mano dejó mi mano

En silencio

Cómo perdí las esperanzas

Cómo bajaron mis venas al infierno

​El silencio no es sagrado

Es lo contrario al verbo de Dios

Que dijo “Hágase la luz”

Y nacieron mis manos

Recorrido

​Te busque inexorablemente en siete templos.

No te encontré, pero Dios me encontró a mi.

Mía

​Existe evidencia de que Dios también se afana;

Un claro ejemplo,

es aquella insistencia con la que me pedía una costilla.

En su insano juicio y sin usar la fuerza bruta,

logró consumar el hurto para favorecerte.

No me molesta, claro que no me molesta.

Desde entonces, eres sangre de mi sangre,

y tu alma es la mitad de mi esqueleto.

Desde entonces

no hay afán de Dios que te pueda exiliar de mí.

Convergencia

Te han clamado ya mis aguas más profundas

Mis licores.

Ha descendido añil, el Néctar condensado.

Se han roto ya los impedimentos naturales que nos alejaron vagamente

Bendita sea, pues, la convergencia que nos ha envuelto.

Y en la que morimos dulcemente en nuestras aguas más profundas.

II

Peco de quererte

Soy el presunto culpable de avivar un incendio.

De provocar la asfixia característica del progresar de las llamas.

Llamas de este infierno qué quemó nuestros pecados,

Y nos hizo eternos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Abrir chat
Escanea el código
Hola 👋
¿En qué podemos ayudarte?