Matías Donarayo es un joven poeta chileno que excava en la herida del lenguaje, donde la palabra sangra para sobrevivir. Los versos explícitos (2025) es la obra que inaugura una voz nacida del desconcierto y del significado en ruinas. Influido por el surrealismo y el expresionismo, guiado por sombras como Rimbaud o Baudelaire, su poesía se adentra en lo oscuro no para escandalizar, sino para revelar. En su obra, el horror se convierte en una extraña forma de lucidez; una belleza cruda que respira entre grietas y lamentos.
IG: @Matiasdonarayo
Exordio
Y bebo rescoldos en el ayuno,
ansiedades me despiertan con apetito de tigre.
Suspiro la condena
bajo el embrujo de cipreses ahumados
y mi cama devora serpientes, posada de panteras.
Este es el averno de aquelarres nocturnos.
Deambulan pezuñas, caprichos, lémures encantados.
¡He sucumbido a bromas nauseabundas?
Hay trompetazos de insectos.
Tanta fuerza que leones vencidos escapan.
A esta hora podría escribir conciertos.
Me envidian osos y temen fieras,
banquete de caimanes pálidos.
Caverna lacerante, de cadáveres copiosa.
Y conmigo cantan buitres.
Las notas rendidas al desconcierto
huyen de las sirenas postradas.
Y el estufido de bengalas junto a penosos buitres…
Bodegón explícito
Son fresas exóticas, melones radioactivos,
uvas transgénicas, sandías volcánicas,
esqueletos dentro de servilletas grotescas,
fuentes frías de escamas pervertidas,
esbeltas y ofrecidas, caóticas bebidas.
El fusil enguindado, claveles hirvientes,
el vapor rojo de grandes ollas obscenas,
melocotones jugosos, restos consumidos,
el humo ebrio de la sangría exprimida,
mieles lascivas, sustancias pornográficas.
Vanitas
Desprovisto de dominios, vacío de cuanto pueda,
en el cielo vería el espejo de mis ojos ardientes,
crujir vanidades, mil articulaciones irrelevantes;
Son sabores crepitantes, bondades lisas de veinte frutos,
fantasmas vivos en casa deshecha,
náufragos en el lago sórdido de mi suerte,
joven todavía, bajo el misterio de faroles entumecidos,
leve silencio de jaulas en ojos de calavera,
como cerezas y ciruelas liberadas de mandíbulas nefastas.
Son las flores!
En senderos de sueños irreverentes,
lóbregas entre la primavera, distantes y nubladas
como la muerte palpable en desiertos de deshielo,
silba singular el viento en el sudoeste oceánico,
donde voces de sol retórico no tocan en semanas.
Y herido en el desvelo,
escucho pájaros gigantes y sombríos volar infiernos con sépalos negros,
endurecer bramidos violentos en el cementerio de la tortura,
estruendoso canto de velas,
entre ilusiones borrascosas y ecos de insoslayable nocturnidad leónica
Nopales
eran desolados, paisajes eran, de desolación,
cactus como edificios, erguidos eran, nopales,
la arena extendía conceptos a la vagancia,
incuria y pesadumbre, habitaciones completas,
estacionamientos, hoteles reservados al polvo,
atiborrados de tránsito, destrucción calada,
eran anuarios vacíos, de agendas en blanco,
galerías, joyas ocultas, rumor de terrazas,
efemérides livianas, frágiles, fallecían,
entre sillas áridas, siluetas apesadumbradas
Cadáver Algorítmico
(En colaboración con Constanza Vásquez)
En tiempos de inteligencia artificial el cadáver exquisito precisa de una actualización. Aquella técnica surrealista en la que escritores se unían para crear un texto por partes sin conocer más que lo que el último jugador había escrito generaba un poema o relato colectivo, impredecible y lleno de asociaciones inesperadas. Su objetivo es liberar la imaginación, romper la lógica y dejar que lo inconsciente se exprese sin control.
Hoy es posible integrar un componente que los surrealistas jamás imaginaron: la inteligencia artificial como un jugador más. Sistemas como ChatGPT, Deepseek o Gemini participan del juego sin conocer el mapa completo, responden solo al fragmento entregado y continúan la línea poética desde su propio “inconsciente” algorítmico. Su respuesta no está condicionada por emociones —porque no las tiene—, sino por patrones, asociaciones y datos que se combinan de formas que a veces incluso pueden parecer extrañamente humanas. El resultado es un nuevo híbrido: un cadáver algorítmico donde humanos y máquinas se turnan para empujar el texto hacia lugares que ninguno podría haber previsto por sí solo.
En este panorama aparecen nuevas y antiguas preguntas, desafíos y oportunidades. ¿Puede la inteligencia artificial ser un artista? ¿Qué es o qué constituye al artista? Para seguir provocando esas reflexiones, incorporamos al propio chat en el ejercicio creativo y elaboramos juntos el cadáver que presentamos a continuación.
Cadáver algorítmico
El fragmento misterioso canta,
la luna densa desangra,
las formas ocultas emergen.
El rugido cansino me alcanza,
los algoritmos vertiginosos corroen,
las pantallas desbordantes se endurecen,
las frutas moribundas susurran,
las sombras evocadoras destruyen.
Las paredes ácidas gimen,
las antigüedades borrachas descienden,
las páginas expresivas devoran.
La marea cansada muere.
El tigre invisible corre,
los fantasmas felices sucumben,
el árbol amargo sonríe,
las montañas inundadas desaparecieron,
los pájaros veloces comulgan,
las casas vanidosas se miran,
las manos fértiles saltan,
el firmamento enterrado se enciende,
los pasos omitidos bailan,
los libros gastados se exterminan,
los sonidos oníricos se desnudan,
el espejismo ardiente restalla,
los vidrios flotantes fluyen,
el absurdo azaroso evapora,
el suicidio espectral agota.
Redacción editorial

