León Guerrero (Tegucigalpa, 1999) es un escritor centroamericano. En 2023, fue el primer seleccionado en artes de la beca Hondufuturo, obteniendo una maestría en Escritura Creativa en la Universidad de Glasgow. Fue invitado al 36 Festival Internacional de Poesía de Medellín 2026. Su cuento «El mejor espectáculo de su muerte» ganó mención de honor en el Concurso Rafael Heliodoro Valle (El Heraldo) y fue publicado en la revista Katabasis (México). Fue finalista del VII Premio de Poesía Hispanoamericana Francisco Ruiz Udiel (Editorial Valparaíso, 2025). Ha publicado en Giros (Argentina) y Spellbinder (Reino Unido).
Lámina y hueso
Casa llena y abierta; estómagos que rugen.
Mundo que llora en la chapa herrumbrosa.
Luna que amamanta sueños de leche.
Piso de tablas desiguales — madera que fue de otros.
Huesos apilados en horizontal.
Respiraciones verticales que trepan.
Pilas de muslos pegados como labios cosidos.
Manos que pasan la única moneda como hostia.
Lágrimas que migran por varias pieles.
Cresas que recogen la herencia de cuerpos indigentes.
Oro y carne
Arca repleta y cerrada; despensa con carne que se pudre.
Sonrisa de un mundo que mastica lo ajeno.
Beso del sol dorado, naranjas que caen desde el balcón.
Casa de pasillos sordos — Calacatta sin huellas.
Escaleras que solo conocen dos pies.
Alfombras descalzas hacia taburetes desnudos.
Rastro de caracol que dibuja laberintos en la piel.
Palma que recibe billetes sin destino.
Risotada del programa que rebota en el eco de la sala.
Buitres que devoran el banquete de los hambrientos.
El lienzo
Aquí la vida se pinta con un solo godete ceniciento
raspado por millones de pinceles.
Las brochas se extienden como garras de oso
que intentan colorear techos, ollas llenas y el alba
pero chocan, se desgarran y se desangran.
La pintura devora todo intento de armonía,
pero regresan a ella,
huesos crepitando como leña
hasta que sus muñecas rotas no dan más.
Igual que sus padres antes que ellos.
Lo que perdura es un cuadro supurante:
la espalda de un inocente surcada de azotes.
Nadie sabe quién hizo cuál pincelada
y nadie pregunta.
Hija del mar
Me preguntan si quiero más
a mi madre o a mi padre.
Mi madre es la espuma fugitiva
que se retira en la orilla.
Se sirven de un dialecto
tribunal que (des)conozco;
que tallan en el metal del ataúd donde está.
Los odio como odian a Dios
con su fe de algoritmos de indignación.
Me gusta el vaivén del océano tranquilo
y la proa que se abre camino.
Este río que se aleja del mar
Cruzo el umbral del cuarto
de un veterano de guerra
y avanzo hacia su trinchera
de sábanas arrugadas.
Ha tomado una sobredosis de barbitúricos
y me ruega que no pida asistencia.
Alega que se ha vuelto un inútil,
que no puede aprender ni avanzar.
Ya no sirve de nada y es mejor partir.
Me inclino sobre el pozo de sus ojos;
su angustia rebalsa hasta mis manos.
Intento consolarlo: Puedes llorar.
Llora como Jesús lloró por Lázaro,
llora por mí.
Le explico que sus lágrimas son el río
que conecta lo que fue con lo que será.
No está para aprender lo nuevo,
sino para enseñarnos lo que no debemos repetir.
El llanto es el lenguaje más antiguo
y expresa mejor que cualquier otro
aquello que en verdad importa.

